domingo, 2 de noviembre de 2008

Un ejemplo

He estado leyendo dos libros que me han ayudado mucho: el primero, Usted es algo especial, de Bruce Narramore (Clie, 1980 -- está descatalogado y agotadísimo), y el segundo, que todavía estoy leyendo, Vivir en libertad, de Eleonore van Haaften (Andamio, 2007). Fué leyendo el segundo que me hizo pensar en el tema del post anterior: cómo las palabras justas de Dios nos hacen libres, porque nos muestran la verdad. Pero algunas ideas que me habían estado rondando a partir de la lectura del otro, acabaron de cerrar el lazo... a ver si logro explicarme...

Dios, en Su Palabra, trata con nosotros con total franqueza, sin tapujos, pero con misericordia. Él nos señala nuestra condición, y nos desvela cuál es nuestra verdadera identidad.
He descubierto que NO SOY mi pecado, aunque la práctica del pecado puede nublar mi identidad, identificándome con él. Soy, en primer lugar, una criatura de Dios que, aunque marcada por el pecado, aún conserva características de Su creación perfecta. Como hija adoptiva de Dios por medio de Jesucristo, además, estoy capacitada para llevar una vida abundante llena de frutos espirituales. Dios no me pone etiquetas que me definen en pocas palabras, Él ve todo el conjunto, lo bueno y lo malo, pero quiere lo mejor.
Descubrir esta verdad a través de Su Palabra me ha liberado de pensamientos autodestructivos y barreras de prejuicios hacia mi Dios. A la vez, me ha ayudado a ver a los demás de otra manera: tratando de no conformarme en ponerles etiquetas que reducen su identidad, sino procurando ver todas las facetas de su persona.
A una persona que roba, por ejemplo, le diremos 'ladrón'. Ha practicado el hurto, pero eso no le define como persona, le empaña su verdadera identidad, pero es muchas otras cosas.
Con esto no trato de justificar nuestras acciones, si pecamos, pecamos; pero Dios, que es rico en misericordia, por su mucho amor con que nos amó, se entregó a sí mismo para que nosotros tuviéramos esperanza, para que el 'ladrón' (o el adúltero, o el mentiroso...), pudiera desarrollar todas las potencialidades que, como criatura de Dios e incluso -como es el deseo del Padre que todos procedan al arrepentimiento-, como hijo de Dios tiene a su disposición.
Gracias a Dios que Él no me deja puesta la etiqueta, me señala el pecado, pero una vez perdonada, olvida.
¡Tenemos mucho que aprender de la gracia de Dios!
Que Él nos (me) ayude.

febe

1 comentario:

Gusmar Sosa dijo...

Cierto Febe, tenemos mucho que aprender, y por aquì estoy pasando con papel y lapiz, para aprender. Saludos.