miércoles, 27 de febrero de 2008

Jehová está conmigo como poderoso gigante


Jeremías tenía unos 23 años cuando Dios le anunció que lo había escogido desde antes de nacer para ser profeta a las naciones. Jeremías replicó: '¡Ah! ¡Ah! ¡Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño'
Intentad poneros en su lugar... ¡ser profeta en ese tiempo! Seguro que sabía lo que implicaba (aunque fuera en parte), y se sintió inseguro de si mismo. Evidentemente, Jeremías solo no podía hacerlo.
Dios le responde: 'No digas, soy niño; porque a todo lo que te enviaré irás tú, y dirás todo lo que te mandaré'
No le deja lugar para las excusas, pero le da motivos más que suficientes para cumplir su voluntad: 'No temas delante de ellos, porque contigo soy para librarte, dice Jehová'
Jeremías tenía miedo, pero le dijo al Señor 'soy niño'... cuantas veces por temor buscamos excusas para no hacer las cosas, tratamos de encontrar motivos que nos justifiquen y no revelen la realidad de nuestro corazón... Con el Señor, sin embargo, las excusas no valen, porque cuando nos encarga algo, nos capacita para llevarlo a cabo y, además, nos promete su presencia y ayuda. Trata con nosotros de forma tan personal que nos da las palabras que necesitamos en lo más profundo de nuestro ser: él conoce lo que nosotros mismos tratamos de esconder.
Desde ese momento, el Señor le repetirá a Jeremías muchas veces que está con él. Y Jeremías, lo creerá, y lo aplicará a su vida. En el capítulo 20, en el que el profeta sufre por causa de su ministerio ('Alucinásteme, oh Jehová, y hállome frustrado'), dice: 'Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante' (Jer. 20:11)
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Nuestro Dios trata con nosotros con paciencia y misericordia, con pericia. Y, aunque tardemos, llegará un día que comprenderemos de forma práctica lo que nos ha querido enseñar.

febe*